Un poema inspirado en mis viajes a Castilla-La Mancha

Un poema inspirado en mis viajes a Castilla-La Mancha

Busco desesperado las raíces de mi infancia
y me detengo en mil recuerdos.
Mi primer tambor, fuiste el milagro.
Mis brazos te acogieron con torpeza
y empecé a navegar en tu clamor.
Recordarás aquellos aromas de la tarde,
cuando despertaba la primavera.
Todo en ti fue amor.
Mi corazón quedó colgado en tus sientes,
sediento de tu susurro.
Te ceñiste a mi rumbo,
mientras ardía mi ansiedad de niño.

Te dirigiste a mi alma,
sin sombras, en silencio.
Sólo tu voz entre mis torpes manos.
Tú y yo, mi tambor, juntos.
Hallamos lo que queríamos
oyendo el agua correr entre redobles.

Antes de tenerte,
no sabía si te añoraba,
ahora que te siento,
te empiezo a echar de menos.
Algo desde muy lejos me llama
y siento que la sangre arde desesperada .

Tu voz la hago canto.

Tus palabras brotan como nunca y siempre,
como el que no espera nada.

Al golpe torpe de mis manos,
respondes con una sonrisa,
y se rompe el silencio con gritos de estatuas.

Arrebato de tu blancura tímidas palabras,
y oigo tu voz que me dice …
¿videos de sexo? …
Vendré a por ti una y otra vez
hasta que los claveles de mi vida,
se marchiten al alba.
No olvidaremos las estrellas
envueltas en mil redobles de plata,
mientras la música suave como la tarde,
bruñe tu cuerpo de cálidas palabras.
Ávido de ternura,
me dejo llevar en el agua de tu río,
en la cruz de tu alegría,
en la serenidad de tu calma.
Busco el sonido de tu día,
con las manos temblorosas, sin sacar palabra.
Mientras, el tiempo pasa en silencio,
curtiendo la voz en tu garganta.
Busco el grito de tu tarde,
antes que la noche nos invada.
Brotan y brotan recuerdos,
en estas tardes que estallan,
entre luces de mil cielos,
que vieron pasar en silencio
saetas prendidas de lágrimas.